La asistencia de embarazadas a lo largo de casi treinta años ,nos ha mostrado que son muchas las interrogantes que se plantean a la pareja frente a un hecho tan trascendente ;con más razón si se trata de la primera vez. Es por eso que el obstetra debe tener un oído atento , ya que muchas de estas incertidumbres no son explícitas y, de no ser respondidas adecuadamente , generar ansiedad, que puede ser un factor distorsionante en la evolución del embarazo el parto y el puerperio.
Por supuesto que a veces la pregunta es: ¿ Estoy embarazada ? . Aunque parezca obvia la respuesta , si las menstruaciones eran irregulares, o si estaban amamantando, o si tomaban medidas anticonceptivas eficaces, la contestación puede ser dudosa . Hoy disponemos de métodos para detectar , apenas unos días después de la fecundación, la presencia en sangre o en orina de una sustancia que es producida por el embrión , llamada hormona coriónica gonadotrófica. También la ecografía transvaginal permite la observación del saco gestacional ( que contiene al embrión ) unas cuatro o cinco semanas luego de la última menstruación. Los síntomas de embarazo ( náuseas, exceso de saliva, tensión mamaria somnolencia ) son elocuentes , aunque ,por ser subjetivos, resultan poco fidedignos.
La segunda interrogante común es: ¿De cuánto tiempo estoy embarazada ,cual es la fecha del parto?.Si las menstruaciones eran regulares, la fecha de la última regla normal permite calcular las semanas de gestación y el momento probable del parto, con la simple regla matemática de agregar diez días y restar tres meses a la fecha mencionada. Generalmente resulta confuso cuando se habla del número de semanas, ya que se ignora que los obstetra medimos la duración del embarazo en semanas lunares (cinco días),contadas a partir del inicio de la última menstruación , con lo que, para ser exactos, lo que estamos estimando es el tiempo de amenorrea (falta de menstruación), siendo que en realidad el embarazo comienza unos quince días después del último sangrado. También la ecografía permite conocer la edad gestacional, gracias a la medida de distintas estructuras (saco gestacional , longitud del embrión, dimensiones de la cabeza, del fémur, etc.) Más adelante en la evolución del embarazo, la apreciación del tamaño del útero, que a partir de los tres meses empieza a ser evidente a nivel del abdomen, hace posible estimar aproximadamente la edad de la gestación.La tercera pregunta suele ser: ¿Mi hijo está vivo y es normal?.
Con respecto a la primera parte, la sola presencia de los síntomas subjetivos ya mencionados, permite responderla afirmativamente.
Actualmente la ecografía esta al alcance de todos y es absolutamente inofensiva, por lo que puede realizarse precozmente y repetirse las veces que sea necesario. Mediante este procedimiento es posible ver y oir, a partir de las seis semanas, el latido del corazón, que se caracteriza por tener una frecuencia elevada (120 a 160 latidos por minuto ).
Los ultrasonidos (así llamados porque el principio de la ecografía es el empleo de ondas sonoras que no son audibles )posibilitan observar, a partir de las doce o catorce semanas, los principales órganos del feto, así como medir el espesor de la piel a nivel de la nuca ( traslucencia nucal), que normalmente es de dos milímetros.
Esto indica que con toda probabilidad el feto no es portador de la anomalía cromosómica más frecuente: la trisomía 21 ( tres cromosomas en lugar de dos en el par número 21: mongolismo o síndrome de Down ). En caso que la alteración genética estuviera presente, a nivel de la nuca se produce acumulación de líquido(edema), que determina un aumento del espesor de la piel a ese nivel. Las anteriores comprobaciones se efectúan, en consecuencia, mediante una ecografía alrededor de las doce semanas, que hemos denominado ecografía estructural precoz.. De este modo la diferenciamos de la estructura convencional, que se realiza hacia las 25 semanas, con la que se pueden explorar y medir en detalle todos los órganos fetales y así descartar la casi totalidad de las malformaciones congénitas.
Entre las semanas 9 y 10 puede practicarse una punción para tomar una muestra mínima de tejido placentario (biopsia de vellosidad corial), cuyo estudio cromosómico informará acerca de la normalidad o no de la información genética que posee el embrión. Más adelante, hacia las semanas 15 a 17, la técnica anterior puede sustituirse, con igual finalidad, por otra consistente en la obtención de cierta cantidad de líquido amniótico mediante una punción a través de la pared del abdomen materno (amniocentesis). También se puede realizar la medición, tanto en líquido amniótico como en sangre materna, de una sustancia producida por el feto, llamada alfa feto proteína, que de estar elevada, indica la probabilidad de ciertas malformaciones (espina bífida, meningocele, onfalocele).Naturalmente estas maniobras conllevan riesgos para el embarazo, de modo que deberían practicarse si existen justificaciones: antecedentes de alteraciones genéticas o si la edad de la madre supera los treinta y cinco años (por encima de esa edad, la probabilidad de anomalías cromosómicas aumenta, aunque continúa siendo extremadamente baja).
La cuarta pregunta suele ser: ¿Qué precauciones debo tomar para asegurar la normal evolución del embarazo?. Como se sabe, el feto está en rápido crecimiento (aumenta desde el tamaño de una célula microscópica a un ser de más de tres quilos en el momento del nacimiento)y diferenciación (se forman las más complicadas estructuras en nueve meses, pero especialmente en los cuatro primeros). Eso hace que requiera de "materia prima"(incluyendo oxígeno), que le llega con la sangre materna, procedente de los pulmones y del aparato digestivo de ésta. Por eso la nutrición de la embarazada debe cuidarse, procurando que sea balanceada en los tres nutrientes principales (hidratos de carbono, grasas y proteínas) y que contengan suficientes vitaminas y minerales ( en especial ácido fólico, hierro y calcio). El peso corporal de la embarazada aumenta, pero no lo debe hacer excesivamente (más de doce quilos en total ) ni rápidamente (un quilo por mes).
Por tratarse de un individuo en formación, es muy susceptible frente a agentes provenientes del medio ambiente y que le llegan en forma directa o a través de la sangre materna. Los mismos son radiaciones y sustancias químicas (incluyendo tóxicos ambientales, alcohol, nicotina y medicamentos) que pueden provocar malformaciones o enlentecer el crecimiento del feto (retraso del crecimiento intrauterino) De ahí que deba controlarse y evitarse el contacto con esos factores peligrosos, interrumpir el cigarrillo, el alcohol y las drogas y restringir los medicamentos a los mínimos necesarios (en su mayoría son afortunadamente inofensivos).
La quinta pregunta más común es: ¿ Mi parto será normal, o se requerirá una operación cesárea?. en algunas circunstancias puede adelantársele que la finalización del embarazo será por la segunda vía señalada. La misma, de todos modos no implica mayores riesgos, ni impide que la madre asista al nacimiento de su hijo ( se suele emplear anestesia peridural o raquídea). La cesárea será programada por anticipado si el feto está en una ubicación incompatible con el parto normal, si se han detectado trastornos fetales que pueden agravarse por el trabajo de parto, si el útero tiene cicatrices que aumentan la probabilidad de su rotura con las contracciones, o si existe un obstáculo ya conocido para la salida del feto ( pelvis estrecha, fibromas, cuello no dilatable). en todos los demás casos, que son la mayoría, en un principio se piensa en un parto normal y la embarazada debe prepararse adecuadamente para saber como actuar (relajación, respiración , esfuerzo de pujo). Nosotros alentamos el empleo de la analgesia peri-dural, raquídea o combinada, que disminuye el dolor, pero no anula las otras sensaciones ni la movilidad de las piernas). Si surge algún inconveniente durante el parto o el mismo no progresa de acuerdo a las pautas de normalidad, nunca es tarde para recurrir a una cesárea.
La sexta pregunta, que generalmente no se formula explícitamente, porque ya son bastante las expectativas creadas con respecto al embarazo y el parto, sería: ¿ Estamos preparados para recibir y criar el hijo?. Si bien la naturaleza dota a la mujer de medios para nutrir al recién nacido mediante la lactancia, hay cosas acerca del cuidado y crianza de los hijos que no se aprenden en libros ni en cursos, sino por la vivencia personal, intransferible y distinta para cada nuevo niño, aunque ya hayan otros muchos. Esta es la razón por la que la experiencia de la maternidad y de la paternidad (el padre suele ser el gran olvidado en este proceso que le concierne íntimamente, aunque no lo experimente en su propio cuerpo) resulta siempre fascinante y enriquecedora y constituye uno de los grandes hitos de la vida de un individuo. Como dice el viejo refrán, para tener una existencia plena hay que plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Consideramos que la última experiencia suele ser suficiente...
Montevideo, primavera de 2001.