El otoño de 2006 llega con una serie de dudas que la población tiene con respecto a la gripe y sus diferentes variedades, por lo que, como infectólogos, entendemos de interés discutir con los lectores algunos aspectos que pueden contribuir al conocimiento de la enfermedad. En este momento debemos diferenciar además claramente 3 situaciones diferentes:
La gripe o influenza es una enfermedad viral aguda y febril típicamente estacional con su mayor incidencia durante el invierno. Se reconocen tres tipos de virus de influenza capaces de desencadenar la enfermedad en humanos, denominados A, B y C. El tipo A también puede provocar enfermedad en animales. A su vez existen varios subtipos definidos por diferencias en sus proteínas de superficie. Los pájaros son el reservorio de todos los subtipos del virus influenza A.
El virus de la gripe es un virus inestable en cuanto a su constitución, lo que se conoce como variabilidad antigénica, pudiendo presentar variaciones menores y variaciones mayores. Estas últimas son las que generan la aparición de nuevos subtipos virales a los que no han estado expuestos los humanos. La aparición de variantes virales en animales, sobre todo en aves, pueden tener la capacidad de transmitirse al hombre u otras veces pueden recombinarse con virus humanos y así emerger un nuevo subtipo viral.
La aparición de nuevos subtipos más la capacidad de diseminación desencadenan las pandemias.
Por lo tanto no deben confundirse los brotes estacionales ó epidémicos (gripe provocada por subtipos virales que ya circulan desde hace un tiempo entre la población) con pandemias, brotes que afectan la población mundial provocados por subtipos al que la humanidad no ha estado expuesta y por lo tanto es incapaz de defenderse adecuadamente.
La influenza aviar es una enfermedad contagiosa producida por virus de influenza A que generalmente afecta a aves y ocasionalmente cerdos. Los virus de influenza aviar son altamente específicos de la especie, pero, raramente, adquieren la capacidad de infectar y producir enfermedad en el hombre. En aves de corral puede presentarse de dos maneras, con baja virulencia o elevada virulencia, esta última forma llamada “altamente patogénica” conduce a una enfermedad severa de las aves con mortalidad cercana al 100%.
Existe suficiente evidencia que muestra que las aves migratorias infectadas podrían ser las que diseminan la enfermedad a diferentes áreas geográficas.
El primer riesgo es el pasaje del virus directamente desde las aves al humano expuesto o por contacto con superficies contaminadas por heces de aves. No hay evidencia de transmisión por consumir carne de aves o huevos. El segundo riesgo y más temible es que el virus adquiera la capacidad de diseminación de persona a persona. En tal caso estaríamos ante el surgimiento de una nueva pandemia.
La influenza es una enfermedad respiratoria aguda y febril que se transmite de persona a persona en pequeñas partículas aerosolizadas durante la respiración, al hablar, toser o estornudar; menos frecuentemente a través del contacto con objetos contaminados con el virus. El período de incubación es entre 1 y 4 días y el virus está presente en secreciones respiratorias desde este período hasta 5 a 7 días del inicio de los síntomas. La enfermedad se caracteriza por: fiebre, cefalea, dolores musculares y articulares, rinitis, estornudos, dolor de garganta y tos seca. La enfermedad es típicamente autolimitada resolviéndose en un plazo entre 3 y 7 días, aunque la tos y astenia – decaimiento - pueden mantenerse por un tiempo mayor a 2 semanas.
Ciertos grupos de población tienen un riesgo incrementado de complicaciones: mayores de 65 años, niños y adultos con enfermedad cardiopulmonar previa, insuficiencia renal, desórdenes metabólicos, hemoglobinopatías, inmunosupresión y embarazadas.
Las complicaciones más frecuentes de la influenza son: descompensación de una enfermedad crónica previa y la neumonía bacteriana.
El diagnóstico de gripe es clínico y no requiere la realización de exámenes complementarios los que sólo se justifican frente a la sospecha de una complicación.
Dos drogas antivirales, oseltamivir (Tamiflu ®) y zanamivir (Relenza ®), son eficaces cuando se administran precozmente tanto en prevención como en tratamiento de la influenza pero no de otras enfermedades respiratorias virales.
Sí bien pueden prevenir la enfermedad en pacientes expuestos no sustituyen a la vacunación que es la principal medida de prevención. Zanamivir y oseltamivir también son eficaces en tratamiento y han demostrado acortar la enfermedad entre 1 y 2 días.
Por lo tanto, para indicar estas drogas se deben tener en cuenta las siguientes premisas: