Se considera que la obesidad se está incrementando en forma exponencial en las últimas décadas en gran parte de los países, y esto ha llevado a la OMS (Organización Mundial de la Salud) a catalogarla como una enfermedad con características de pandemia, por lo tanto con alto riesgo para la salud.
La obesidad primaria es una enfermedad crónica multifactorial donde interaccionan factores genéticos y ambientales. Esto determina que la energía absorbida (que se acumula en forma de grasa) sea mayor que la gastada.
Dentro de los factores ambientales, se encuentran el sedentarismo y la sobrealimentación, especialmente los alimentos hipergrasos son elementos a destacar de esta epidemia mundial, como también la malnutrición intrauterina (hipótesis de Barker) y algunos fármacos como anticonvulsivantes, hormonas, antipsicóticos, etc.
La obesidad secundaria, que tiene un origen identificable y tratable, como por ejemplo una alteración glandular (Cushing, hipotiroidismo, etc) es muy infrecuente y corregida la enfermedad de base, desaparece también la obesidad.
El diagnóstico de obesidad se establece por el índice de masa corporal (relación peso/altura), que debe ser igual o mayor a 30 para ambos sexos. Tiene como inconveniente que no cuantifica en forma precisa la cantidad ni distribución de la grasa corporal (tabla I).
Para valorar la distribución de grasa se usa el índice de cintura, medida entre la última costilla y la cresta ilíaca, como se ve en la tabla II.
La obesidad se asocia con numerosas enfermedades como diabetes, coronariopatías, hipertensión arterial, dislipemias (alteraciones de las grasas en sangre), síndrome metabólico, apnea del sueño, cáncer, esteatosis (hígado con infiltración de grasa) y cirrosis hepática, cálculos vesiculares, osteoartropatías (artrosis), e impotencia, por lo tanto la obesidad disminuye la calidad de vida y aumenta el índice de mortalidad.
El ejercicio físico, si bien produce una modesta disminución de peso, produce también otros beneficios como mayor disminución de grasa abdominal que sólo con dieta. Mejora los factores de riesgo coronario, la capacidad funcional, y proporciona mayor bienestar psicológico. El ejercicio físico es esencial en el mantenimiento de peso luego de un programa de dieta.
Para lograr los beneficios del ejercicio es necesario un gasto mínimo de 1000 kcal por semana, siendo lo ideal, 2000 kcal/semana.
El rol de los fármacos en el tratamiento de la obesidad no se discute, pues han surgido algunos con perfil de seguridad y eficacia satisfactorios, pero debemos tener en cuenta que siempre apoyan la dieta y el ejercicio y nunca lo sustituyen.
El objetivo del tratamiento debe ser alcanzar el menor peso que el paciente pueda mantener confortablemente, en promedio representa un 10% del peso inicial o dos unidades menos del índice de masa corporal.